He estado profundizando en una de las historias más infames de las criptomonedas: la saga de Gerald Cotten. Es increíble cómo este tipo pasó de ser visto como el pionero de las criptomonedas en Canadá a estar en el centro de uno de los mayores misterios de la industria.



En 2013, cuando Bitcoin todavía era bastante marginal, Cotten cofundó QuadrigaCX. En ese momento, parecía una plataforma legítima—la mayor bolsa de Canadá, con miles de personas confiándole su dinero. Cotten tenía todo el paquete: carismático, experto en tecnología, viviendo ese estilo de vida de lujo con yates y viajes. Básicamente, era la cara de la adopción de criptomonedas en Canadá.

Pero aquí es donde se pone sospechoso. A diferencia de otras bolsas, Cotten guardaba algo crucial para él—era la única persona con acceso a las claves privadas de la billetera fría. Básicamente, si algo le pasaba, nadie podía tocar esos fondos. Lo cual, mirando hacia atrás, era una señal de alerta enorme.

Luego, a finales de 2018, Cotten y su esposa fueron a la India para su luna de miel. Días después, él muere. Complicaciones de la enfermedad de Crohn, dijeron. Su cuerpo fue embalsamado rápidamente, lo que inmediatamente generó dudas. Y luego la verdadera bomba: QuadrigaCX colapsó. Los inversores no pudieron acceder a 215 millones de dólares en Bitcoin y otros activos. Simplemente desaparecidos.

Lo que realmente hizo que la gente hablara fue el momento. Cotten había actualizado su testamento justo días antes de morir, dejando todo a su esposa. Algunas personas empezaron a preguntarse si en realidad había fingido toda la historia para escapar con el dinero. Otros señalaron posibles indicios de esquema Ponzi. Incluso los investigadores encontraron millones en transacciones ocultas que sugerían que Cotten había movido fondos antes de desaparecer.

Años después, en 2021, los inversores exigieron exhumar su cuerpo para confirmar que realmente había muerto. Pero eso nunca sucedió. Los fondos nunca se recuperaron. Las autoridades canadienses investigaron, pero el caso simplemente... quedó abierto.

Es una de esas historias que muestran cómo estaban las cosas sin regulación en ese entonces. Una sola persona controlando todo, supervisión mínima, y cuando las cosas fallan, miles de personas pierden todo sin remedio. El misterio de Gerald Cotten sigue siendo uno de los capítulos sin resolver en el mundo cripto—¿fue negligencia, fraude, o algo más? Quizá nunca lo sepamos.
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