Me preguntaba últimamente sobre la historia de Kamehameha y cómo una sola persona pudo cambiar el destino de todo el archipiélago. Este tipo empezó como un simple líder militar en un sistema feudal, y terminó siendo rey, quien en 1795 unificó todas las Islas Hawái en un solo reino. Increíble, considerando que antes de su tiempo, cada isla tenía su propio gobernante.



Algo me llamó la atención cuando pasé junto a esa famosa estatua de bronce de 18 pies de Kamehameha en Oʻahu. Tallada por Thomas Gould en Florencia, esta estatua es realmente uno de los símbolos más reconocibles de las islas. Cada año, en el Día de Kamehameha, que cae el 11 de junio, la gente viene y la decora con guirnaldas. Es una forma hermosa de honrar su legado.

Lo que me fascinó fue su hijo Leholiho, quien asumió el poder como Kamehameha II. Este tipo tenía una posición difícil, porque no solo tenía que gobernar, sino también vivir con la esposa de su padre, Kahumanu. Pero en lugar de pelearse, juntos hicieron algo radical para su tiempo: destruyeron el antiguo sistema kapu, que controlaba prácticamente todos los aspectos de la vida hawaiana, y abandonaron la religión estatal. Fue una verdadera revolución.

Las últimas palabras de Kamehameha que nos llegaron dicen: "E ʻoni wale nō ʻoukou i kuʻu pono ʻole e pau" — algo así como "Hay una bondad infinita que os he dado para que disfrutéis". Creo que esto muestra qué tipo de persona era: no solo un guerrero, sino alguien que se preocupaba por su gente.
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