#TrumpWarnsSeptemberShutdown


El reloj del cierre del gobierno ya está en marcha: lo que significa la advertencia de Trump para los mercados

Trump acaba de soltar una bomba en Georgia. Un cierre federal se avecina en septiembre—a menos que el Congreso se ponga las pilas. Rápido.

Así va el guion: La Cámara aprobó por poco un proyecto de financiación temporal (220-205) que mantendría las luces encendidas hasta el 4 de diciembre. Apenas. Ahora está en el Senado, donde republicanos y demócratas hacen lo suyo: negociar contra un plazo mientras el reloj corre.

El Congreso tiene quizá 11 días en los que ambas cámaras están en sesión a la vez antes de que llegue el 30 de septiembre. Es entonces cuando la financiación expira a medianoche. Y si el Senado enmienda el proyecto de la Cámara, vuelve a la Cámara para otra votación. La ventana se vuelve extremadamente estrecha.

Se acerca el receso de agosto. Los legisladores se dispersan. Luego llega el Día del Trabajo, Rosh Hashanah y, de pronto, estás mirando un cierre con las elecciones de medio mandato cerca.

Los cierres no son solo teatro abstracto en Washington. Cuando el gobierno deja de pagar, el daño económico real llega. Los trabajadores federales se quedan sin nómina. Los contratistas reciben presión. La confianza del consumidor cae. El cierre de 2018-2019 le costó a la economía un estimado de 11 mil millones de dólares, con 3 mil millones de dólares perdidos de forma permanente.

Pero aquí está el giro: Trump no solo está advirtiendo sobre un cierre. Está señalando.

Detrás de la amenaza del cierre está el techo de deuda. Se proyecta que Estados Unidos alcance 75,8 billones de dólares en deuda de mercados desarrollados para fin de año, según Fitch. El modelo de Penn Wharton sugiere que no podemos exceder racionalmente el 210% de deuda/PIB sin consecuencias en el mercado. Aún no estamos ahí, pero la trayectoria es clara.

Cuando el bloqueo político se cruza con la incertidumbre sobre el techo de deuda, los mercados se ponen nerviosos. Los rendimientos del Tesoro se disparan. La volatilidad aumenta. Se impone el sentimiento de aversión al riesgo. El oro recibe demanda. El dólar titubea.

Cronograma de la votación en el Senado – Si Thune y Collins logran cerrar un acuerdo, esto se convierte en un no-evento. Si no, sube la volatilidad.

Negociaciones sobre el techo de deuda – Por lo general se resuelven, pero las posturas al límite crean dislocaciones negociables.

Posicionamiento de cara a los medios mandatos – Ningún partido quiere un cierre antes de noviembre. Eso genera presión para llegar a un compromiso, pero también incentivos para culpar al otro lado.

Flujos de refugio – Si las probabilidades de cierre superan el 50%, vigila los Treasuries, el oro y el yen.

La advertencia de Trump no es solo retórica política—es un movimiento calculado para presionar a los demócratas del Senado mientras encuadra la narrativa. Los mercados ya han visto esta película antes. El final suele ser un acuerdo de último minuto. Pero el camino hasta ahí? Irregular.

Para traders: No entren en pánico. Cuiden el riesgo. La volatilidad es barata hasta que deja de serlo. Y septiembre se perfila como mucho más interesante de lo que cualquiera quería.
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