Anoche cené con una amiga dentro del sistema y, después de hablar de ideas, me vinieron muchas cosas a la mente.


Parece que su guion de vida ya estaba decidido: un empleo estable, comprar una casa, casarse y tener hijos.
Las alegrías cotidianas son ir a un centro comercial a comer, ver una película, y el tiempo libre se le va en los dramas cortos, lo cotidiano entre padres e hijos y las citas concertadas.
Cada día es trabajo repetitivo y además competir de forma intensa; y en vacaciones, encima, siempre se topa con la reprogramación de descanso.
No hay grandes imprevistos ni problemas repentinos: solo que puede descansar bien, encontrar a la persona adecuada, y entonces siente que la vida es bastante buena.
Las escalas de valor entre personas existen con diferencias naturales.
Hay quienes valoran el derecho a elegir en la vida y la libertad de explorar hacia afuera; y hay quienes prefieren más la estabilidad, lo controlable y de bajo riesgo.
No es que una elección sea mejor o peor; solo que las renuncias que cada quien hace por dentro son distintas.
Caminando por las calles de la noche, de pronto sentí que en cada camino hay, por su cuenta, su propio paisaje.
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