El 21 de junio, Jin10 (金十数据) informó que el presidente de EE. UU., Trump, firmó un acuerdo temporal de paz con Irán, reconociendo que la perspectiva de un colapso económico global fue una motivación clave para el acuerdo. Esta admisión deja al descubierto una debilidad crítica en la posición negociadora de EE. UU. de cara a futuras conversaciones con Teherán.
El acuerdo interino incluye 14 cláusulas que colocan a Irán en una posición favorable en las negociaciones nucleares, con un período inicial de negociaciones de 60 días que puede ampliarse, lo que potencialmente prolongaría las conversaciones durante meses. Según el exfuncionario del Departamento de Estado de EE. UU. Chris Kennedy, Irán ha logrado ventajas sustanciales. Una encuesta de la Universidad de Maryland muestra que el 56% de los estadounidenses cree que la guerra con Irán ha tenido un impacto más negativo que positivo en los intereses de EE. UU. El exfuncionario del Tesoro Miad Maleki señaló que al reconocer que las acciones militares conllevan riesgos de disrupción económica, EE. UU. ha debilitado su propia capacidad de influencia económica en un momento crítico de las negociaciones.